Cuando el sacerdote dijo "Daros la paz" se produjo el habitual pequeño revuelo de cada domingo.
...
Había sido una mañana difícil. Como otras. Una más. Teléfono en vez de hacer los deberes... y no sé qué tontería a la hora de elegir la ropa... Bronca con la mayor, lloros de la pequeña. Si pudieran ser las cosas un poco más fáciles... Si pudiéramos tener una mañana tranquila, cumpliendo cada uno con su obligación... sin más, pensaba...
A diestra y siniestra se ofrecía la mano, se ofrecía una mejilla... pero ella sólo pudo ver, ensordeciendo sus pensamientos, cómo sus dos hijas giraron de inmediato la vista hacia ella, buscándola con los ojos, y se acercaron corriendo para darle a ella -sólo a ella- un beso que, silencioso, hizo que el cielo inmenso cupiera en aquella mañana en aquel lugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario