Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.
Todavía era de noche. Andrés dormía.
Sorprendido al verle en paz, envuelto en su manto junto a la pared, su carcelero golpeó la puerta.
"¡Levanta! Hoy toca morir."
Andrés abrió los ojos y recordó... La cruz.
Él, desde el atrio del sueño, acababa de decirle de nuevo "¡Ven!"
Andrés se puso en pie. Sacudio su ropaje y respondió.
"Hoy toca andar sobre el agua. Voy."
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