Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.»
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
"¿Por qué a nosotros?"
No lo sé...
"Pero... ¿por qué nos ha elegido?"
Olvídalo. Le conoces... eso no nos debe importar.
"Pero nosotros hemos escuchado... ¡hemos visto!"
... Sí...
Debemos...
debemos animar a Andrés. Servir de apoyo al resto.
No puede perderse ninguno... Todos tienen que seguir.
"No sabemos qué nos espera..."
No. Pero todo pueblo lo tiene que saber.
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