Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?»
Él se volvió y les regañó y dijo: «No sabéis de que espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos.»
Y se marcharon a otra aldea.
"¿Victoria?"
No... caímos en una trampa...
Estábamos dispuestos a dar la vida. Por Él, por su Verdad...
Mas, en nuestro afán, nos vimos atrapados por argumentos como el mal menor y por el sentido práctico, las necesidades de organización y la burocracia...
... y nos vimos conducidos a un páramo cubierto por la niebla en que apenas distinguíamos la luz del Sol...
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